Eugenio Garza Sada: más que una avenida donde están algunos hoteles en Monterrey

En una de las ocasiones en que me hospedé en uno de los hoteles en Monterrey (http://www.fiestamericana.com/viaja/hoteles-en-monterrey.html), descubrí que una de las avenidas más importantes de la ciudad se llama Eugenio Garza Sada. A veces uno no le da demasiada importancia al nombre de las calles por donde pasa constantemente, pero no sé qué tuvo esta calle que encendió mi curiosidad, y decidí averiguar sobre este personaje, sin esperar lo que me encontraría.

Resulta que Eugenio Garza Sada es uno de los empresarios que más trascendencia ha tenido en Monterrey, si no es que el que más. Su presencia fomentó el crecimiento económico, educativo y social de todo Monterrey, por más increíble que pueda parecer que una sola persona pueda tener tanta influencia en una población. Pero así es.

La familia de don Eugenio formaba parte de la clase alta de Monterrey, pues su padre era el fundador de la Cervecería Cuauhtémoc, que distribuía cervezas por todas partes. No obstante, con los tiempos de la revolución, la familia se vio atosigada por diferentes revolucionarios, por lo cual, Eugenio Garza Sada y sus hermanos tuvieron que irse a estudiar a loso Estados Unidos, donde él entró al Instituto Tecnológico de Massachusetts, para regresar al país cuando concluyera sus estudios y la revolución hubiera terminado.

Dentro de la empresa familiar, él ocupó varios puestos que correspondían con lo que había estudiado. Sin embargo, su ánimo no estaba ahí, sino en el emprendimiento y en las diversas formas que permitirían que Monterrey creciera como una de las ciudades más importantes del país. Así, sus hermanos y él comenzaron a invertir capital, adquirir empresas y crear nuevas, de forma que para los años 70s ya poseían alrededor de 70 empresas, que sumaban más de 33 mil trabajadores en ellas. Eugenio Garza Sada fue fundador de algunas empresas como Famosa, Femsa, y otras relacionadas con su Cervecería.

Sin embargo, sus intereses iban más allá del mundo empresarial, por lo que se unió con otras personas para crear el Club de Sembradores de Amistad, una sociedad que comenzaría sus funciones en el mes de julio del 36. Esta sociedad permitiría que personas del país con ideales de valores y crecimiento unitario se pusieran a la obra, para mejorar el funcionamiento de la ciudad. Sus actos sirvieron para instalar y poner en funcionamiento la Cruz Roja de Monterrey, y un departamento de Bomberos, además de que ayudaron a financiar el Hospicio Ortigosa. La fundación continua activa hasta nuestra actualidad, brindando apoyo a quienes lo necesitan.

Este hombre estaba muy preocupado por la educación, motivo por el cual fundó una institución de excelencia que ayudara a capacitar lo mejor posible a personas que podían ser futuros trabajadores: el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. No obstante, hay una historia que prueba que no era sólo un interés por sus negocios el que lo movía.

Rogelio Villareal Garza se encargaba de manejar el Departamento de Extensión Universitaria. Observó que algunos alumnos no tenían dinero suficiente para comprar libros, por lo que creyó que era una buena idea poner una biblioteca para alquilarlos a bajos precios. Sin embargo, en la Rectoría de la UANL le dijeron que tenía que pedir los fondos al gobernador.

Se dirigió a la casa del gobernante en la colonia Obispado, pero a medio camino, su auto dejó de funcionar y no se movía. Al buscar ayuda, vio un jardinero trabajar en una casa cercana, y se acercó a hablar con él, quien amablemente le ayudó a reparar el problema que tenía su auto.

Villareal aprovechó el momento para desahogar sus preocupaciones y contar sobre la biblioteca que quería formar, pero que necesitaba el dinero del gobierno para hacerlo. El jardinero lo escuchó atentamente y le mostró la forma más rápida de llegar a la casa del gobernador, pero le recomendó que pidiera ayuda a la Cervecería, especialmente a Ricardo González Quijano, que se encargaría de todo ese asunto.

El hombre quedó muy satisfecho con la plática que tuvo con el jardinero, por lo que intentó darle una propina de 10 pesos. El hombre se rehusó amablemente, pero la insistencia de Villareal era tanta que tuvo que aceptarlos.

Villareal contaba que no pudo localizar al gobernador, pues no estaba en su casa, así que se dirigió a la cervecería, y pidió hablar con el hombre que le había indicado el jardinero. Para su sorpresa, ya lo esperaba y lo atendió con rapidez, pues tenía listo el cheque con la cifra exacta que necesitaba para su trabajo en la biblioteca. Luego, se enteró que el hombre a quien había confundido por jardinero era el mismo Eugenio Garza Sada.

Muchas de estas historias circulan por Monterrey. Las personas lamentaron mucho la muerte del empresario en 1973, cuando se resistió a un secuestro y terminaron hiriéndolo con una bala. Más de un cuarto de millón de personas asistieron a su funeral, y la ciudad completa guardó un luto por la pérdida de esa maravillosa persona.