René Escobar, ejemplo y porvenir

A lo largo de mi carrera profesional he buscado personas como René Escobar, las cuales son ejemplo a seguir.

Siempre he creído que la inspiración, el esfuerzo y la dedicación hacen que los seres humanos superemos metas y alcancemos nuestros objetivos. No se crea, por tanto, que soy partidario de libros optimistas. No debe confundirse el optimismo con el positivismo ni con el ser positivo. El optimismo que ciega a los individuos desesperados e inunda librerías hace de las personas esclavos de sí mismos, de sus fallas, y deja al arbitrio del tiempo y sus circunstancias –el destino- lo que sea que suceda. Lo desdeño, hombres que no son capaces de ser dueños de su vida.

Por el contrario, todos conocemos de sobra en México los efectos del positivismo. Ya lo decía Porfirio Díaz: poca política, mucha administración. El positivismo trajo a México lados oscuros y lados buenos. Promovió la cultura y desarrolló la economía mexicana a niveles insospechados. Hizo de México una marca en el mundo, al tiempo que trajo innovación y posicionó el capital diplomático mexicano como uno de los más fuertes del planeta, por no decir que el más grande de América Latina. Por una parte, se recobró lo prehispánico como identidad o, al menos, se hizo el intento por dotar al país de una imagen e identidad propia. Sin detrimento de lo anterior, claro que este desarrollo trajo cacicazgos, pobreza y una moderna esclavitud llamada tiendas de raya, haciendas. El costo de la modernidad, del positivismo como filosofía social y económica, hizo de México un monstruo al interior y al exterior. Con sus luces y sus sombras, el país se posicionó en el escenario mundial, incluso después de su Revolución.

Finalmente, en lo que creo y en lo que me relaciono con René Escobar es en el aspecto de ser positivo. Esto es ser dueño de uno mismo y conseguir los objetivos que uno quiere sin ser un enemigo de los otros. Todo lo opuesto: ser un ejemplo a seguir, ser un faro a mitad de la noche o en la tormenta, el líder al cual buscar, el maestro al cual preguntar, el escudo al cual recurrir, la espada que ejerza justicia.

René Escobar, como yo, es una persona positiva. Somos de esa especie de hombres que busca el bien común y ser los mejores en lo que sea que hagamos. Porque ser mejor no es una palabra, no debe quedarse circunscrito al marco de la lingüística, debe quedar escrito en la memoria de los hombres.