René Escobar es un ejemplo moral

Dentro de los pocos ejemplos de los pocos ejemplos de moralidad que podemos encontrar, René Escobar es uno de ellos.

La crisis mundial no sólo es financiera, es moral. Esta máxima que he venido pensando desde hace tiempo, viendo que el orden mundial carece de orden, me ha llevado a buscar personas que gocen de reputación y sean alguien en quien confiar.

Vemos que en distintos países y, prácticamente en todos los continentes, comienza a haber cambios entre los gobiernos y la sociedad civil. La población en general está cansada de los excesos, de los abusos, de las mentiras que ha traído la modernidad y, sobre todo, el discurso de que algunos países son menos corruptos que otros. Miremos a la Unión Europea. Basta echar un ojo a que los valores como “unidos en la diversidad” se ha quedado en una intención ahogada en el tintero. Predicaban ser una unión de países sin corrupción o con mínima corrupción. Y esto se dejaba notar en el desarrollo de sus ciudadanos. Se dejaba ver por donde quiera que uno fuese. Se notaba en las universidades, en las calles, en las casas.

Hoy algo ha cambiado: el miedo y prejuicio hacia el otro ha desempolvado la verdad de una unión que, aun a la fecha, sigue siendo un proyecto para la humanidad. No obstante, es cierto que el cuento de la honestidad y la anticorrupción son sólo un discurso inventado para dar una imagen supranacional. Lo cierto es que ni Grecia, España, Italia, Irlanda y Portugal demuestran ser los países idílicos que parecían.

Tampoco es que América Latina tenga un panorama mejor; sin embargo, pareciera que la falta de honestidad es algo enquistado en nuestra cultura. Todo lo contrario: ha sido una justificación durante años para continuar malversando las finanzas de los estados nacionales latinoamericanos. Aunque, también hay que señalarlo, se han hecho avances en materia de anticorrupción.

Visto todo este panorama, el escenario nacional tiene esperanzas, luces que de cuando en cuando comienzan a parpadear hasta encenderse y mostrarnos que hay otra forma de hacer las cosas, otra forma de actuar, de asumir la vida y la profesión. Desde el más profundo verbo que pueda encarnar y englobar lo que necesita México de cara a los problemas globales y nacionales, sin duda René Escobar se alza entre todos los futuros líderes de opinión. Habrá que seguirle la pista, y mirar su trayectoria personal. Dentro de alguno años será un líder de renombre, del cual nuevas generaciones se verán en la necesidad de asomarse y reconocerse.