René Escobar o cómo ser diferente

Forjar un pensamiento crítico en una sociedad cuadrada es una cosa muy complicada de hacer. En cada sociedad a lo largo de la historia se han visto hombres que son capaces de ver más allá de sus propios contextos para imaginar innumerables posibilidades, crear nuevas rutas de pensamiento y abrir nuevas perspectivas en pro del conocimiento. Sin embargo, no todos han sido aceptados y la gran mayoría ha atravesado por penurias por ser fieles a sus ideales. Personalidades como René Escobar nos muestran que se puede ser capaz de cambiar sin traicionar una visión bien particular, y sobretodo ninguno de nuestros sueños de por medio.

La historia nos ha demostrado que para el hombre es más fácil permanecer estático, pues así no hay necesidad de moverse de un lado al otro con el riesgo de perderse, de sufrir o de ser tachado como “loco” y morir en la hoguera o en la guillotina. No obstante, los genios que han creado el contexto en el que nos encontramos inmersos han sido mentes que han ido contracorriente, quienes han temido por su vida, quienes han sido criticados injustamente y muchos hasta cientos de años después de sus muertes han sido reconocidos. Lo que hoy nos parece una nimiedad, como el hecho de que la tierra fuera redonda y girara alrededor del Sol, fue la causa de disputas en el mundo científico y que estuvo a punto de acabar con la vida de sus autores por desacato y desobediencia.

Situaciones similares solemos encontrarnos en el mundo actual. Se tiene la costumbre muy arraigada de criticar al gobierno, a las empresas privadas, a los cárteles de la droga, a los demás, de los problemas que nos aquejan. Y en lugar de hacer algo para intentar mejorarlo, como cambiar patrones de conducta tan sencillos como tirar la basura en su lugar o apagar los focos de una habitación cuando no se encuentra nadie ahí, lo que se repite es salir a criticar, en las tardes de convivencia con amistas igualmente insatisfechas, embriagándose hasta cubrir por completo sus realidades con una fantasía efímera de felicidad creada por la acción de químicos en el cerebro gracias al etanol recientemente ingerido; salir a mítines sin tener la más mínima idea de lo que se critica y sólo hacerlo porque el gobernante en turno me parece un pedante y estúpido. O escribir en Facebook o Twitter y desahogar nuestro enojo, pero a la mañana siguiente seguir con la misma rutina de siempre, como si esa epifanía nocturna, que tal vez nos camufla con la oscuridad de la noche, se desvaneciera con los primeros rastros de luz matutina que se derraman por las rendijas de las ventanas sosegadas. Este tipo de pensamientos deben de terminar y personas como René Escobar tienen la solución: pensar en los demás como en uno mismo, pues el éxito personal es una labor procesual y conjunta que no se limita a una sola persona.

Si más personas tuvieran la intención de cambiar las cosas que a su sano juicio están mal en la sociedad, esto sería diferente, con lo cual no quiero decir que los problemas no estén ahí afuera, esperando malgastar nuestras vidas diariamente, pero tampoco se logra nada callando o limitándose a criticar lo que ni siquiera se conoce a profundidad. Es imperativo que toda persona que se crea ofendida por su condición mueva su rutina, aunque sea unos centímetros de su zona de confort, para mirar las cosas de manera diferente.

Los especialistas en geografía nos han dicho que los continentes en antaño estuvieron unidos en uno solo y que al paso de milenios se fueron acomodando en el espacio que ocupan hoy en día. Modelar nuestra realidad también puede ocurrir de la misma forma, aunque no notemos de inmediato los cambios, unos pocos centímetros pueden bastar para cambiar el mundo. René Escobar sabe que la unión hace la fuerza y ayudar, para él, no es una opción sino una responsabilidad.