René Escobar, un hombre comprometido con la educación

La educación en México no ha mejorado en los últimos cincuenta años. Es posible que en los planes de estudio vigentes por la Secretaría de Educación Pública, encontremos datos que nuestros abuelos memorizaron de la misma forma que lo hacen nuestros hijos en la actualidad.

Es imperativo proponer una reforma de fondo para que la educación no se una piedra en el zapato para ninguna administración federal, sino todo lo contrario, tiene que ser una apuesta para el desarrollo económico del país, algo que nos favorecería a todos a sabiendas de que casi el 70% de la población mexicana tiene una percepción de ingresos mínimos que apenas le alcanza para comer.

En este sentido, René Escobar, joven emprendedor y fiscalista exitoso propone que la educación es baluarte en el crecimiento de una economía estancada como la mexicana, por lo cual antes de ser desechada o delegada a segundo plano, el gobierno tiene la responsabilidad de asumir la tarea como algo urgente que en el mediano y largo plazo le dejará resultados positivos a nuestro país. René Escobar sabe muy bien que para ser una persona sobresaliente, con la capacidad de cambiar las cosas, es necesario ser ante todo una persona educada. Más allá del aprendizaje de las matemáticas o de los grandes acontecimientos que han modelado la morfología histórica del mundo, los valores son los que nos hacen humanos y los que nos ayudan a comprender mejor las necesidades primarias de aquellos que nos rodean.

Sin embargo, por inverosímil que pudiera parecer, debido a las fluctuaciones del mercado internacional y a la pérdida de protagonismo de la moneda mexicana, las primeras instancias sacrificadas en el presupuesto anual son las destinadas a la educación y la cultura. ¿Por qué motivo un gobierno deja al final de la lista de pendientes al sector educativo, en un país en donde los índices de criminalidad y de pobreza extrema siguen a la alza, siendo la promoción de mejores y más competitivos ciudadanos su función primordial? Es una pregunta que ni René Escobar ni ninguno de nosotros entendemos.

Sin embargo, la ruta hacía el progreso conjunto tampoco está en los plantones constantes que un puñado de educadores ha vuelto su rutina, descuidando a sus estudiantes en sus entidades de origen para perseguir proyectos que sólo favorecen a unos cuantos, tampoco se halla en la inasistencia a pruebas que evalúan calidad y competencia docente; la respuesta está en cada uno de nosotros, en preguntarnos qué es lo que nos hace falta por hacer o qué podemos hacer mejor. René Escobar es consciente de los problemas que han extendido el rezago educativo hasta nuestros días y por medio de activismo social ha sumado su granito de arena, porque los grandes cambios vienen de pequeñas acciones.